Destino Capitulo II

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Destino Capitulo II

Mensaje por LoaP-El-SaNtO (Admin) el Miér Oct 26, 2011 5:20 pm

-CAPITULO II- La Emboscada

La brisa golpeaba las paredes rocosas silenciosamente. El ruido del agua cayendo gentilmente de rocas elevadas al lago era un leve sonido casi como una música que adormilaba a todo el que la escuchase. En ese momento despertaba un hombre de pelo arremolinado y castaño, de cuerpo musculoso pero delgado y no muy alto. Las cicatrices evidenciaban su presencia en varias peleas pero apenas no tenia unos veinte años. Él hombre agudizo el oído solo se escuchaba el traqueteo del agua. Miro a tientas en la oscuridad no vio al centinela. Un brinco dio su corazón, debía de alertar a los otros. Se detuvo, no tenia porque seguramente el centinela habría salido a investigar a las afueras de la cueva por la procedencia de algún ruido. Se dispuso a buscar al centinela pero antes busco a Cenifeo entre las veinte personas de capas negras que descansaban merecidamente luego de haber concluido aquel trabajo complicado que le habían asignado días anteriores. Él hombre yacía acostado era robusto de pelo negro y graso con una edad que rondaría los treinta años. En el camino hacia el hombre tuvo que esquivar sin hacer ruido varios cuerpos que dormían placidamente. En la mitad del trayecto se topo con los ojos de una joven que estaba despierta y lo observaba atentamente. Era hermosa de ojos pequeños y verdes claros, el pelo largo y sedoso. Su aspecto daba la impresión de una flor delicada a la vez de una mirada inteligente, penetrante. Ella retiro la mirada a su vez que se acurrucaba hacia el otro lado. Por fin llego al hombre sin ningún descuido y le explico su dilema.
En la salida ante el se divisaba una catarata de agua que cubría la entrada de la cueva, una pared rocosa cubierta de un tipo de musgo rojizo que palidecía a la luz de la luna llena y por debajo de la pared un bosque de árboles celestes. La humedad del agua que caía le golpea suavemente el rostro. Atentamente busco al centinela pero no lo pudo encontrar. Ubico unas rocas sin musgo y emprendió la bajada.
Abajo el agua caía fuertemente a una laguna que chocaba contra las rocas de musgo rojo. Suavemente sin hacer ruido salto a la hierba azulada. El bosque lo rodeaba en todas direcciones. Percibió el ruido de unos pasos ligeros. Alerta saco en silencio su cuchilla que en tanta luchas lo había acompañado.
De la espesura del bosque salio un hombre alto, morocho, ojos claros y de facciones fuertes. También llevaba una capa negra que cubría su cuerpo.
- Soy yo, Umblem, no te preocupes-le dijo al centinela- ¿Por qué has abandonado el puesto? Si es que no te importa mantenerme con la intriga-.
-He escuchado unos ruidos procedentes del bosque pero parece que solo fueron unos animales nocturnos-respondió el hombre.
- Hay que tener cuidado hemos robado demasiado estos últimos días, no me sorprendería si nos cae una emboscada-observo Umblem.
El hombre lo observo tocándose suavemente la barba larga y negra como si examinara a un bicho raro. Sonrío a la vez que se le marcaban varias arrugas y cicatrices del rostro.
-Eres muy joven, si hubieras presenciado tantos robos como yo sabrías que los demonios no se interesan por una bandada de ladrones que le roban provisiones- siguió con la mirada a un insecto y continuo – Además tienen asuntos más importantes que atender que nosotros ¡Tenemos que agradecer por ello!- exclamo con alivio el centinela.
- Si todo eso hasta ahora, no podemos de seguir así huyendo como ratas-dijo indignado.
El hombre se enfureció. Sus ojos se agrandaron y se notaba en su rostro el esfuerzo para no gritar demasiado.
- Pero eres idiota o demasiado joven no entiendes que no tenemos chance alguna contra sus numerosos ejércitos o criaturas que el mismo fuego ha creado- se calmo – Creí que ya habías aprendido algo en estos años pero veo que no, guárdate bien esto en la cabeza lo único que queda es sobrevivir.
- Morir querrás decir- dijo desafiante Umblem- Yo creía que con estos robos estábamos en busca de algo porque no solo robamos comida sino armamento.
El centinela estaba harto de la conversación se le notaba en la cara.
- Eso es lo que te dicen en la academia para que los jóvenes tengan alientos y no se desmoralicen pero ya has pasado tu entrenamiento es hora de que te empieces a enterar que no hay posibilidad alguna de establecernos como la raza en que antaño fuimos- sonrío maliciosamente- Y en el campamento te enteraras de cuan apremiante es la situación…
A Umblem ya le desagradaba aquel personaje. A pesar que estuvo con el hacia mas de un año en el grupo que lo habían asignado nunca había cruzado demasiadas palabras con el. Sabía que siempre estaba en la negativa y que tuvo problemas con Cenifeo y otros camaradas. El grupo lo llamaba Sombra, siempre reflejaba lo malo de algo. Ahora lo odiaba mas y al parecer tenia información suya que el no poseía.
-A que te refieres…
Se interrumpió. Un Viridi salio del claro con brusquedad. Era una criatura de altura media con escamas verdosas que le cubrían el cuerpo. Su cara era monstruosa llena de cicatrices. Tenía ojos rojos como la sangre recién salida de una herida, labios morados con dos colmillos que llegaban a la pera, su nariz era pequeña y no tenia pelo en ninguna parte de su cuerpo. Llevaba una toga gris y vieja con abundantes agujeros y un hacha en pobre estado.
La criatura chillo a la vez que se abalanzaba hacia ellos con furia.
Umblem lo esquivo y lo perforo con su espada que había desvainado con increíble destreza. El monstruo cayó a un lado muerto.
- Alerto a los demás- dijo Sombra- Nunca van solos los Viridi siempre vienen acompañados por un grupo.
- Hay que huir parece que nos estaban buscando…- observo con nerviosismo Umblem mientras Cenifeo y otros veinte encapuchados bajaban por las rocas.
- ¿Qué ha pasado?- pregunto Cenifeo.
- Nos han localizado debemos irnos- explico el centinela- Nos ataco un Viridi y alerto a otros- dijo señalando el cuerpo que yacía en el piso.
Demasiado tarde unos veinte Viridi de apariencia parecida al muerto corrieron a matarlos. Los humanos estaban muy bien entrenados. Por siglos se dedicaron al robo y a entrenarse muy bien, las circunstancias en las que vivían los habían obligado.
Veinte de aquellas criaturas no representan mucho problema pero surgieron al rato veinte más y luego otros veinte.
Se desato una lucha encarnizada. Dos se enfrentaron a Umblem, ya estaba preparado. Empuño la espada a lo alto peligrosamente. Uno intento derribarlo sin éxito mientras el otro lanzaba estocadas con un machete. El joven choco armas a la vez que le pegaba a uno una patada que lo dejo en el piso. Con facilidad degolló al Veridi del machete y termino con el del piso.
La pequeña guerra seguía, ambos bandos habían sufrido bajas. A un costado única mujer del grupo se enfrentaba con cuatro criaturas. Umblem corrió en su ayuda. Empujo a dos y hundió el filo en un tercero. La encapuchada se encargo del otro.
- Gracias, pensé que era mi fin…
-No me perdonaría nunca que algo tan precioso se perdiera esta noche -la interrumpió.
Que frase tan vergonzosa, pensó Umblem. Aquel pensamiento se esfumo al instante. La pelea continuaba aunque los encapuchados la llevaran las de ganar.
Los últimos cuatro huyeron y se adentraron en el bosque azulado. Donde había una fina hierba ahora yacían unos cincuenta cuerpos. La sangre que cubría el lago hacia un extraño juego de colores con el musgo rojo de las rocas. Sin duda era un extraño paraje pero los sobrevivientes no podían quedarse a observarlo.

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